Cita del día

domingo, 11 de diciembre de 2011

LAS PREPOSICIONES GRIEGAS

Las preposiciones griegas proceden del indoeuropeo. Originariamente eran adverbios que modificaban al verbo. Con el tiempo, puesto que estos adverbios griegos eran imprescindibles para completar el significado de los verbos, pronto empezaron a usarse de forma obligada ante sintagmas, dando lugar a las preposiciones, o ante los verbos, como preverbios que modificaban el valor del verbo.

Así pues, las preposiciones son antiguos adverbios con valor local o temporal que pueden presentar los siguientes usos:

  1. Adverbios tónicos.
  2. Preverbios: Prefijos átonos antepuestos a lexemas verbales o nominales con los que forman un derivado.
  3. Preposición: Parte de un sintagma preposicional, en posición proclítica cuando se trata de preposiciones propias.
El término preposición es inexacto ya que no siempre preceden al término con el que se relacionan.

2.1. Uso Adverbial

Es más frecuente en las preposiciones impropias, aunque también lo podemos encontrar en las preposiciones propias en los textos más antiguos. Su valor es, sobre todo, local o temporal.

2.2. Uso como Preverbios

La adición de un preverbio a un lexema verbal es un fenómeno muy antiguo que presenta estadios intermedios. Así en Homero la unión no se ha completado y, por tanto, hay formas sin contigüidad entre el preverbio y el lexema verbal, lo que constituye el fenómeno de la tmesis, huella de su valor adverbial original. En la prosa clásica, el preverbio ya está completamente unido al lexema, aunque el aumento y la reduplicación se sitúan generalmente entre el preverbio y el lexema verbal.

El preverbio aporta a la base léxica un significado espacial, temporal o nocional, de modo que los compuestos verbales pueden ser analizados como la suma de ambos significados, aunque otros constituyen unidades léxicas no descomponibles semánticamente.

2.3. Sintagmas Preposicionales

El significado del sintagma preposicional, cuya función sintáctica es siempre de complemento circunstancial, resulta normalmente de la confluencia del significado de la preposición y del morfema casual con el que se combina, además del contenido léxico del núcleo del sintagma.

Básicamente el significado del morfema casual es el siguiente:
  • Acusativo: dirección
  • Genitivo: procedencia
  • Dativo: situación

En cuanto al significado de la preposición, ésta posee múltiples significados, aunque, en general, podemos distinguir dos planos complementarios, uno espacial y otro temporal (cf. μετὰ λόφον "detrás de la colina", μετὰ ἡμέραν "después de un día"). El siguiente esquema resume sus significados:


















Otras preposiciones no se ajustan a este esquema:

σύν: con
μετά + gen: con / + acus: después
ἀντί: en vez de
πρό: delante, a favor de

un caso
preposición
de acusativo
de genitivo
ἀνά
hacia atrás, hacia arriba
εἰς
a, hacia (lat. in + acu )
ἀντί
por, en vez de (lat. ab + abl)
ἀπό
de, desde
ἐκ / ἐξ
de, fuera de (lat. ex + abl)
πρό
ante, delante de (lat.pro + abl)
ἐν
σύν
dos casos
διά
a causa de, a través de
(lat. propter + acu)
 a través de, por
κατά
hacia abajo, sobre, durante, según
hacia abajo, desde arriba, contra
μετά
entre, en medio de; después
entre, con
ὑπέρ
encima de, sobre; al otro lado de
sobre, para
tres casos
ἀμφί
respecto a
respecto, por lo que se refiere a
ἐπί
a, contra
sobre
παρά
a lo largo de, durante
del lado de, de parte de
περί
cerca de, alrededor de
en torno a, acerca de
πρός
hacia, contra
del lado de
ὑπό
debajo de
de debajo (lat. sub + abl )
por (compl. agente) (lat.a, ab + abl o abl. solo)
Para terminar, en ocasiones sufren apócopes y cambios fonéticos:
  • Se elide la vocal final de la preposición cuando ésta va seguida por una palabra que comienza por vocal. El fenómeno es idéntico cuando la forma funciona como preverbio (excepto πρό, ἀμφί, περί). μετ᾿ ἄλλων ("con los demás").
  • Además, si la vocal inicial lleva espíritu áspero, la oclusiva ahora final de la preposición se aspira. μεθ᾿ ὑμῶν  ("con vosotros").
Además existen otras, las llamadas preposiciones impropias, cuyo origen no es adverbial y que no se emplean como prefijos. Éstas son tónicas y presentan mayor independencia semántica y mayor movilidad respecto a los sustantivos con los que se combinan. Finalmente, muchos adverbios, como ἄγχι cerca (de), ἔξω fuera (de) y ὄπισθεν detrás (de), rigen genitivo y tienen, por tanto, semejanzas con las preposiciones.
Algunas de las preposiciones impropias son:

Acusativo
Genitivo
Dativo
ὡς a casa de
μά por (en juramentos)
ἄνευ sin
ἀντίον frente a
δίκην a causa de
ἐγγύς cerca de
κτός  fuera de
ἐναντίον enfrente de
ἕνεκα a causa de
μεταξύ en medio de
μέχρι hasta
πλήν excepto
πλησίον cerca de
χάριν gracias a
χωρίς aparte de
ἅμα a la vez que
μίγδα en mezcla con
ὅμου juntamente con
Como resumen, se expone a continuación un cuadro explicativo de los complementos de lugar en torno a las cuatro cuestiones de forma similar a los complementos latinos: ποῦ (lugar en donde), ποῖ (lugar a donde), πόθεν (lugar de donde) y πῇ (lugar por donde). Éstas son las formas más comunes de expresión:

Acusativo
Genitivo
Dativo
Ποῦ
ἐν, παρά, πρός
Ποῖ
εἰς, ἐπί, πρός, κατά, ἀνά, παρά
Πόθεν
ἀπό, παρά, ἐκ, κατά, πρός
Πῇ
διά
 Y para terminar, una presentación y un dibujo (si lo quieres en latín)
Filipopreposiciones
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Y como siempre, para practicar pulsa este enlace, y si quieres saber más, consulta el Proyecto Palladium, la Griegoweb de Álvaro Ortolá, las fichas 63 y 64 de Ellenizo y  otros buenos esquemas.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Jenofonte

Ya que estamos inmersas en el texto de Jenofonte, os añado un enlace a través del cual podéis consultar vuestras dudas.Aquí encontraréis el texto griego, su traducción y unos prácticos comentarios morfológicos y sintácticos, además de etimologías de los términos más interesantes.

Espero que os sirva de ayuda.

martes, 11 de octubre de 2011

ALFABETO GRIEGO Y ALFABETO LATINO

Alfabeto griego

Adaptación del fenicio

El alfabeto griego deriva de una variante del fenicio, introducido en Grecia alrededor del siglo IX a. C., por comerciantes de esa nacionalidad. El fenicio, como los alfabetos semíticos posteriores, no tenía signos para marcar las vocales; para solventar el problema los griegos adaptaron algunos signos que en fenicio indicaban aspiración para representar las vocales. Este aporte se considera fundamental pues la mayoría de los alfabetos que incluyen signos vocálicos se derivan de esta aportación original griega. Además de las vocales, el griego añadió tres letras nuevas al final del alfabeto: φ, χ, y ψ para representar sonidos que no existían en fenicio.
Ya en época clásica algunas letras desaparecieron del alfabeto; la digamma, que adaptaba la vav fenicia, se utilizaba sólo en algunos dialectos occidentales, y desapareció antes del período clásico; la san, homófona con sigma, fue desplazada por ésta última; la qoppa, una adaptación de la kof fenicia cuyo sonido no existía en el griego.

Variantes del alfabeto

Variantes de algunos alfabetos griegos arcaicos 
(eubeo, jónico, ateniense y corintio)
comparadas con la forma clásica.

No todas las ciudades adaptaron el alfabeto fenicio en el mismo momento ni del mismo modo. Originariamente existieron variantes del alfabeto griego, siendo las más importantes la occidental (calcídica) y la oriental (jónica). En el año 403 a. C. Atenas adoptó la variante oriental y, dada su importancia política y cultural, se impuso poco después a las demás formas del alfabeto. Ya para esta época el griego había adoptado la escritura de izquierda a derecha, mientras que originalmente se había empleado para ello el bustrofedon (la alternancia de líneas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, invirtiendo todos los caracteres en el proceso).
Pero los griegos no solo adoptaron el alfabeto, sino que también lo difundieron hasta convertirse en la fuente de todas las formas de escritura modernas de Europa. De la variante occidental del alfabeto griego procede el alfabeto etrusco y de este el alfabeto latino, mientras que de la variante oriental procede el alfabeto cirílico y el gótico entre otros.

Letras obsoletas

Las letras digamma, qoppa, y sampi se utilizaron en la época arcaica (siglos VII y VI a. C.) en algunos dialectos, pero pronto dejaron de formar parte del alfabeto griego común aunque no del sistema de numeración jónico, con los valores numéricos correspondientes a su posición original.

El alfabeto latino

Origen
En la Inscripción Duenos datada en el siglo VI a. C. 
aparece la primera muestra conocida del alfabeto latino.
El origen del alfabeto latino parece estar en la variante occidental del alfabeto griego usado en Cumas, una colonia griega del sur de Italia (Magna Grecia), que los latinos adoptaron en el siglo VII a.C. a través de los etruscos para transcribir su idioma, al igual que hicieron otros pueblos itálicos de la época, y que desde entonces ha sufrido una larga evolución histórica. Del alfabeto de Cumas derivó el alfabeto etrusco y los latinos finalmente adoptaron 21 de las 26 letras etruscas.
Alfabeto de Cumas.
Reproducción de la tablilla masiliana con el alfabeto etrusco, que se leía de derecha a izquierda.
Originalmente el alfabeto latino constaba de las siguientes letras:

A
B
C
D
E
F
Z
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X
Latín arcaico

Caligrafía original del alfabeto latino arcaico y sus distintas variantes.
Los romanos empleaban la C, K y Q para escribir el sonido /k/, pero pronto la letra K fue marginada en favor de la C, que entonces tomó los valores de /g/ y /k/. Probablemente durante el siglo III a. C. la letra Z dejó de usarse y se eliminó del alfabeto, tomando su posición alfabética la letra G, una modificación de la letra C que representaba el fonema /g/. Según Plutarco la idea de ponerle un palito a la C para poder diferenciar cuándo representaba al fonema /g/ fue de Spurius Carvilius Ruga. De forma que quedó la representación C = /k/, G = /g/. Así el alfabeto volvió a tener 21 letras:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X

Latín clásico

Letras claudias
Tras la conquista de Grecia en el siglo II a. C. se reintrodujo la «Z» y se adoptó la «Y» para transcribir las palabras griegas que se tomaban prestadas, colocándolas al final del alfabeto. El intento del emperador Claudio de introducir tres letras adicionales, las letras claudias, tuvo una vida muy corta. El nuevo alfabeto latino contenía entonces 23 letras que ya tenían la forma de nuestras mayúsculas:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X
Y
Z

En cuanto al nombre latino de las letras, los romanos no adoptaron sus nombres griegos, de origen semítico, sino que, en general,  formaron los nombres de las consonantes oclusivas añadiendo una /eː/ después del sonido representado por la letra (salvo C, K, y Q que necesitaron vocales diferentes para diferenciarlas) mientras que al resto de las consonantes se les añadió la /e/ antes de su sonido. El nombre de las vocales era simplemente su sonido. Cuando se introdujo la letra «Y» probablemente se llamaría hy /hyː/ como en griego (el nombre ypsilón todavía no existía) pero cambió a «i graeca» (i griega) porque para los latinos resultaba difícil diferenciar entre los sonidos /i/ e /y/. Para la «Z» se adoptó su nombre griego, zeta.

Edad Media

En la Edad Media aparecen por primera vez las letras minúsculas como consecuencia de la evolución sufrida por las mayúsculas al generalizarse la escritura con tinta sobre pergamino o papel.
Con la cristianización, el alfabeto latino se extendió por el norte de Europa a pueblos que no conocían la escritura o tenían sistemas gráficos diferentes, como los alfabetos rúnicos. También se extendió a otros pueblos de lenguas no latinas, como las bálticas, y de lenguas no-indoeuropeas, como el finés, el húngaro y el estonio. Durante la Edad Media asimismo adoptaron el alfabeto latino las lenguas eslavas occidentales, cuyos territorios quedaron dentro de la órbita de la Iglesia Católica, mientras que los pueblos eslavos orientales, que quedaron bajo la influencia de la Iglesia Ortodoxa, adoptaron el alfabeto cirílico.
También en la Edad Media se empiezan a usar las ligaduras «Æ» y «Œ».
En las lenguas germánicas se introdujeron en el alfabeto de forma transitoria un par de runas, «Þ» thorn y «ƿ» wyn, para representar dos fonemas que carecían de letra latina, los sonidos /θ/ y /w/ respectivamente, pero fueron sustituidas en la mayor parte de los lugares por dígrafos como «th» y «vv» porque se podían confundir con la letra P. La ligadura de dos uves consecutivas originaría la nueva letra «W» en el siglo XIII. En la aislada Islandia se seguirá usado una de estas letras «Þ». También de esta época procede la española «Ñ».

Inicios de la Época Moderna

Desde el siglo XVI se fueron diferenciando los sonidos de la «J» y de la «I», así como el de la «V» y de la «U». Su invención se debe a Pierre de la Ramée, contemporáneo de Erasmo de Rotterdam, quien propuso utilizar dos nuevos signos alfabéticos para representar dos fonemas que ya para entonces eran distintos. Pero la diferenciación que en principio era ocasional no se convertiría en una norma hasta el siglo XVIII, momento en que quedan establecidas las 26 letras del alfabeto latino básico tal como las conocemos actualmente:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
J
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
U
V
W
X
Y
Z

El nombre en español de la letra jota viene del latín iota a través del griego antiguo. La letra u latina proviene de la ípsilon griega, que procede a su vez del fenicio wau y que también es el origen de la Y mientras que el nombre de la uve = u (que desempeña el oficio de) ve.

Variantes en los alfabetos peninsulares

La letra Ç, que se usó en castellano antiguo para representar el fonema /ts/, es una letra originada durante la Edad Media por evolución gráfica de la zeta visigoda ʒ, originada a su vez en la ζ griega. La grafía procede del arqueamiento superior y, con el paso del tiempo, la inversión de los caracteres, colocando la z bajo la c; de aquí que se llame cedilla (zeta pequeña: la zeta se llamaba ceda), que fue evolucionando hasta convertirse en la actual ç. Esta letra, que se usó también en el euskera prenormativo, se utiliza actualmente en el catalán, el occitano, el francés, el portugués con el valor de /s/. En catalán se llama ce trencada (ce rota).

La letra Ñ se originó en la península Ibérica. La primera referencia es del año 1295. Durante el siglo XIV se extendió su uso, y ya en 1492 aparecía en la Grammatica de Nebrija. La grafía surgió de la costumbre de los copistas medievales de escribir la «n» con una rayita encima para indicar que era doble, ahorrando así espacio. Cuando el par «nn» cambió su sonido palatalizándose, la eñe se adoptó como nueva letra en el alfabeto español. Se emplea también en gallego, asturiano, y extremeño, así como en algunas lenguas indígenas de América.

MÚSICA GRIEGA

Hoy hemos tenido una clase "no programada" de música griega. Algunos habéis disfrutado al menos un poquito. Por si queréis repetir la experiencia, os dejo el enlace en el que hemos trabajado esta mañana:
Un niño griego en casa: versiones musicales

martes, 4 de octubre de 2011

LA LENGUA GRIEGA Y SUS DIALECTOS

LOS PRIMEROS TESTIMONIOS

El Testimonio más antiguo de la lengua griega es el micénico, que fue descubierto en unas tablillas de barro (de contenido burocrático) encontradas en Micenas y otros lugares de Grecia, datado hacia el 1450-1150 a.C. Estas tablillas fueron descifradas por los ingleses Michael Ventris (arquitecto) y Jhon Chadwick (profesor de lingüística griega) poco después de la Segunda Guerra Mundial, en 1952. El griego micénico está escrito en un sistema gráfico de tipo silabario, el Lineal B, préstamo del que empleaba el cretense, el Lineal A, aún no descifrado.

Este tipo de escritura cayó en desuso y hasta la aparición de la escritura alfabética, adaptación del sistema de escritura fenicio, que debió de producirse a finales del siglo IX a.C. no poseemos testimonios escritos de la lengua griega. Este alfabeto fue el utilizado en las primeras manifestaciones literarias (Ilíada y Odisea), en el S. VIII a.C.

LOS DIALECTOS GRIEGOS

Varias teorías explican o intentan explicar la diferenciación dialectal del griego:

(Fuente: Gran Historia Universal, tomo II: Civilizaciones fluviales. Ediciones Folio, S.A., 2.000).
         
  • Teoría de las tres migraciones: es la teoría tradicional y la defendida por Kretschmer, según la cual los griegos entraron en Grecia en tres oleadas migratorias. Los jonios entraron hacia el 2000-1900 a.C., los aqueos o eolios hacia el 1600 y finalmente los dorios hacia el 1200. La leyenda del regreso de los Heráclidas se asocia al último episodio. Como históricamente estos pueblos hablan variedades dialectales diferentes de la lengua griega, se daba en esa doctrina una completa equiparación entre estirpe, dialecto y migración. Actualmente esta teoría es muy discutida.
  • Teoría de las dos migraciones: según esta teoría tan solo hubo dos oleadas migratorias, la de jonios y aqueos hacia el 1900-1600, quienes crean la civilización micénica, y la de los dorios hacia el 1200, que la destruyen.
  • Teoría de una única migración: según esta teoría sólo hay una oleada migratoria, de la que salen los demás pueblos (jonios, eolios y dorios). Esta teoría es la más aceptada en la actualidad. Además critica la explicación tradicional del hundimiento de Micenas por la invasión de los dorios en el S. XIII a.C. Así Karl Julius Beloch defiende que no existió tal invasión ni hubo una estirpe específica de griegos dorios que se trasladara al corazón de la Grecia micénica con su dialecto propio, mientras que J. Chadwick dice que en el trasfondo de la leyenda del retorno de los Heráclidas subyacen conflictos de la aristocracia micénica: acaso una poderosa familia fue obligada a exiliarse por rivales políticos y volvieron después acompañados, como dice Heródoto, de tribus que poblaban las montañas del Pindo.

Heracles con uno de los heráclidas
Hoy, tras un abuso de invasiones y oleadas para explicar cambios culturales que se pueden entender satisfactoriamente por evoluciones autóctonas o por contactos culturales y tras la consideración de que las diferencias dialectales del griego antiguo han aparecido mayoritariamente en épocas posteriores a la caída de Micenas, tan solo estamos seguros de que los griegos no son la población autóctona de Grecia, en el sentido de que no son los descendientes directos de la población neolítica sino que han penetrado en una fecha difícil de determinar, pero probablemente en la Edad del Bronce, a partir de 1900 a.C.

Sea como fuere, hasta el S. III a.C. no hubo una lengua unificada, por razones geográficas e históricas, sino una serie de dialectos con elementos comunes, unos derivados de la conservación de un patrimonio originario y otros compartidos. Fundamentalmente se distinguen cuatro grupos dialectales:

- El arcadio-chipriota o aqueo: emparentado con el antiguo micénico, el arcadio se hablaba en Arcadia (en el Peloponeso) y el chipriota, en la isla de Chipre.
- El eólico: se hablaba en Tesalia, en Beocia, en la isla de Lesbos y en el norte de Asia Menor. En eólico escribieron sus poesías Alceo y Safo de Lesbos.
- El jónico-ático: en un principio fue la variante dialectal más común en la literatura.
- El jónico: se hablaba en Eubea, islas Cícladas y la zona central de Asia Menor (en Esmirna, Éfeso y Mileto). El dialecto jónico está muy próximo al ático, ya que los jonios, que poblaron la zona costera de Asia Menor durante los siglos X y IX a.C., procedían sobre todo del Ática. Es la base de la lengua de Homero, de Hesíodo y de Heródoto. También se escribió en jónico el género poético de la elegía y el yambo.
- El ático: se hablaba en Atenas y sus alrededores. Como lenguaje literario llegó a superar al resto, principalmente en los siglos V (el siglo de Pericles) y IV a.C., por la superioridad política, social y cultural de Atenas. En ático escribieron los grandes autores de la literatura griega: los trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides; el cómico Aristófanes; los historiadores Tucídides y Jenofonte; el filósofo Platón, y los oradores Lisias, Demóstenes y Esquines.
- El dórico en sentido amplio:
- Dórico: es el dialecto de la zona meridional del Peloponeso y de la llamada zona doria (sur Asia Menor, Creta, Dodecaneso, Cícladas meridionales y Magna Grecia). Es la lengua de Píndaro, de Baquílides y de Teócrito, de la poesía bucólica y coral.
- Griego del Noroeste: se hablaba en el Epiro, la Élide y en las regiones próximas a éstas y en algunas islas del mar Jónico.
Kinder, H. Atlas Histórico Mundial. Akal. 2007

            Como puede deducirse, no todos los dialectos fueron igualmente importantes por los textos literarios escritos en ellos. Ya hemos citados los nombres de algunos autores que utilizaron cada dialecto. Un caso especial dentro de la literatura griega es el dialecto homérico: Homero compone sus obras en una lengua artificial, nunca hablada, constituida por una base del dialecto jónico, al que se añaden elementos eólicos y otras formas arcaicas; este dialecto homérico se convierte en la lengua de la poesía épica hasta la época imperial. Pero es el dialecto ático el que durante el siglo V a.C. desplaza a todos los demás por la calidad de su literatura.

LA KOINÉ O LENGUA COMÚN

Posteriormente el ático, con ciertas modificaciones (sin sus arcaísmos e incorporando vocablos jonios y dorios), dio origen a una lengua común o κοινή διαλεκτός, que se convertiría en la lengua oficial en tiempos de Alejandro Magno (fin del S. IV a.C.) y se mantuvo como lengua franca y de cultura desde las fronteras de la India hasta Egipto y desde allí hasta el sur de Italia cuando el Imperio de Alejandro se fragmentó en diversos reinos. Atenas ya no era la capital de cultura, sino ciudades como Pérgamo, Alejandría, Éfeso.

Emplearon la κοινή el filósofo Aristóteles, el historiador Polibio y el moralista Plutarco. La κοινή fue la base del griego bíblico, a ella se tradujo el Antiguo y en ella se escribió el Nuevo Testamento, en la época romana fue la lengua de cultura (Marco Aurelio, sin relación con Grecia, escribió sus apuntes más íntimos o Soliloquios en griego) y posteriormente fue la lengua oficial del Imperio Bizantino (siglos V-XV).

EL GRIEGO BIZANTINO Y EL GRIEGO MODERNO

Desde el traslado de la capital del Imperio Romano a Constantinopla (330) hasta su conquista por los turcos (1453), esta ciudad (llamada primero Bizancio, después Constantinopla y hoy Estambul) se convirtió en el centro de poder político y cultural helénico y su lengua es el griego medieval o bizantino. El Imperio Bizantino sobrevive diez siglos a la caída de la vieja Roma, arrasada por Alarico en 410 y a la destrucción del Imperio Romano de Occidente una vez depuesto su último emperador por los bárbaros en 476.

Los griegos, sometidos al Imperio Turco, en su país continuaron hablando griego pero hasta el XIX no volvió a ser su idioma oficial de la Grecia libre. Mientras tanto, en Occidente, durante la edad Media, se ignora la lengua griega (al margen de los manuscritos se anotaba Graecum est; non legitur), hasta que el Humanismo (S. XIV-XIX) recupera los textos clásicos, a partir de los manuscritos de los bizantinos huidos, que se traducen cuidadosamente, se comentan ampliamente y se estudian, primero en Italia y luego en otros paises.

Hoy los griegos hablan el griego moderno o neohelénico, en el que hay dos tendencias, debidas a los problemas para definir ciertos usos de la norma escrita tras siglos de uso furtivo y coloquial:

-  καθαρεύουσα (purificada): el griego culto, conservador y arcaico, próximo al griego clásico.
- δημοτική (popular): el griego hablado por el pueblo, resultado de la evolución lingüística desde el S. XV y núcleo del griego moderno.

Podemos, por tanto, seguir la historia de la lengua griega desde los primeros testimonios de época micénica hasta el griego moderno: más de 3.000 años de la lengua en la que se ha difundido gran parte de los fundamentos de la civilización occidental, por lo que constituye un fenómeno lingüístico singular.